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Fiebre del oro, entre la ambición y la tragedia

 

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Mientras en Atrato, Chocó, lloran la muerte de siete mineros informales, este fenómeno crece en el Occidente de Antioquia. La fiebre del oro tiene a unas 500 personas explotando minas ilegalmente en Buriticá, municipio con más de 600 familias en pobreza extrema. Comienzan problemas de drogadicción y alcoholismo, advierten las autoridades. Reportaje de El Colombiano.

Hace dos años, a Ángel lo socorrió la suerte. Metido en un túnel minero, vio una veta horizontal de unos tres centímetros de ancho por sesenta centímetros de largo y la sacó a golpes de cincel y almadana. "Y ahí, en esas dos o tres paladitas, saqué quince millones de pesos".

Este hombre, a quien ahora se le ve por las vías de Buriticá conduciendo su mototaxi, un vehículo de tres llantas y con techo, con el cual comenzó a ganarse la vida desde el momento en que se le "apareció la virgen", gana unos 50.000 pesos diarios transportando, más que todo, al personal relacionado con la explotación aurífera.

Antes de aquel suceso había trabajado más de diez años en Centena, la compañía minera asentada en Buriticá hasta 2008, cuando entró a remplazarla Continental Gold, canadiense. Y cuando lo echaron del empleo, se dedicó, como otros cientos de personas, muchas de ellas oriundas del municipio y otras, aproximadamente otra centena, procedentes de poblaciones mineras.

Claro que la Fortuna no siempre está presta a sonreírles a los mortales. "La minería es cuestión de suerte", como sintetiza el asunto Miro, uno de los cinco o seis compradores de oro del municipio. Sentado a una mesa de uno de los salones de billar de la cabecera municipal, con una máquina de vender chance en la mano izquierda, explica que la minería es un negocio que no tiene consistencia. Cuenta que en este municipio, la producción ha aumentado. Él, que compra el metal desde hace muchos años -aunque hasta hace dos proveniente sólo de río-, en los últimos 24 meses ha pasado de comprar 100 riales cada fin de semana a 400 o más. "Cada gramo equivale a 3,5 riales. Y cada rial lo estamos pagando a 21.000 pesos por estos días". Miro revende en Santa Fe de Antioquia o, a veces, en Medellín.

Alberto*, un minero infomal, muy avisado sobre temas legales, industriales e históricos de la producción del oro en Buriticá cuenta que, aunque no se trata de medidas estandarizadas, en un bulto de roca puede hallar unos cuatro riales. "Cuando la roca está blanda, uno puede sacar cuatro bultos en una jornada de ocho horas; cuando está dura, medio bulto". Este personaje, quien, aunque informal paga impuesto de Industria y Comercio, cuenta a sus compañeros, parado bajo la enramada del entable donde muelen las piedras para extraer metal, lo que leyó en el libro Gotas de aceite, lágrimas de oro, de Elkin Vargas Pimienta: "se sabe de la existencia de oro en esta parte desde antes de 1539 y en 1581 había más de 600 esclavos trabajando aquí". Y cita a Vasco Núñez de Balboa, quien, al referirse a esta tierra de Occidente, la nombra como el lugar donde "el Sol derrama oro en cantidades prodigiosas".

Cuántos son

El lector habrá notado que decimos cientos de mineros informales, sin precisar el dato. Es que no hay cifra exacta: mientras el alcalde, Gustavo Adolfo Higuita Guzmán, cree que hay 200 personas dedicadas a esta actividad, las que se ven en las minas son muchas más. Decenas de mulas cargadas de bultos de rocas y arreadas por hombres sin uniforme salen como Dios les ayuda por caminos zigzagueantes desde el fondo de los abismos donde están las minas hasta la vía de acceso al municipio, a cuyos lados están los entables donde muelen esas piedras para extraer el oro. Estos mineros informales, quienes dicen haber elaborado un "precenso", creen que la cifra es de 500. "Este número -dice Alberto- equivale al de familias que derivan de ahí el sustento".

En la Administración Municipal están convencidos, empezando por el Alcalde, de que si esta actividad sigue creciendo de manera desordenada "amenaza con convertirse en una bomba de tiempo". Y explica: "la superpoblación por migración de personas de otros municipios, especialmente mineros del Nordeste y el Bajo cauca que vienen atraídos por la frase 'aquí donde se entierre el pico hay oro', aparecida en EL COLOMBIANO hace un año, tras ser emitida por un exfuncionario de esta administración". Y agrega: ya se presenta también el fenómeno del desplazamiento interno. Unas diez familias de veredas agrícolas se han mudado a zonas mineras.

Eso de "bomba de tiempo" puede encontrar explicación en la preocupación del Secretario de Salud, Gabriel Higuita Puerta -"en Buriticá, muchos somos Higuita y creo que muchos estamos locos", bromea este funcionario-: "ya hay aumento de casos de enfermedades de transmisión sexual, drogadicción y alcoholismo". Aclara que todavía no puede hablar de aumentos escandalosos, pero es porque la explotación de oro no ha empezado a gran escala. Por su parte, la secretaria de Gobierno, Yuley Zapata David, dice haber recibido avisos de profesoras de la escuela de las veredas Higabra y Naranjos, en plena zona minera, quejándose por consumo de drogas entre colegiales, lo cual no se veía antes de la nueva fiebre del oro.

Los mineros informales argumentan que la pobreza y la falta de empleo los empujan a ello. Y esto se evidencia en un dato suministrado por el mandatario local: más de 600 familias de Buriticá viven en condiciones de pobreza extrema. El Secretario de Salud cree que la minería será una oportunidad importante para dinamizar la economía de Buriticá, estancada por tener un territorio tan escarpado, con pendientes de 80 grados de inclinación y tierras infértiles que hacen difíciles la agricultura y la ganadería.

Manuel Uribe Ángel, en su Geografía General del Estado de Antioquia en Colombia, dice de este municipio: "el terreno que lo rodea no tiene ningún cultivo, porque sus faldas son áridas, no tanto por su naturaleza cuanto por falta de agua, pues la población apenas puede proveerse para las necesidades más premiosas, de dos escasos manantiales situados al Occidente del pueblo". Y a tal cantidad de abismos los llamó laberinto. Hoy, a Buriticá la llaman Laberinto Pacífico de Occidente.

 

Solución, entre todos

El Alcalde cuenta que hace justo un año, en compañía de funcionarios y tres agentes de policía, hizo un operativo para incautar equipos de trabajo. "Nos preocupaban los temas de la seguridad de los mineros; la contaminación de las aguas con mercurio, así como el uso de explosivos ilegales". Pero encontró resistencia. Los mineros bloquearon la única vía de acceso al municipio y las autoridades tuvieron que ceder.

El desorden. Eso es lo que quiere evitar la Secretaría de Minas del Departamento. El titular de este despacho, Nicolás López, dice que a la naciente Asociación Castilla de Oro, a la cual pertenecen 180 mineros informales, le brindaron capacitación con apoyo del Sena y Acopi.

El funcionario Departamental sabe que "el precio internacional del oro, casi 1.800 dólares la onza (una onza troy equivale a 31,10357 gramos), es el imán para que mucha gente, aunque nunca haya sido minera, se deje atraer por esta actividad". Cree que los habitantes de Buriticá deben entender que todos no tienen que ser mineros. Alrededor de esta industria se necesitan suministros alimenticios, ferreteros, de confección de uniformes, y otros, con los cuales pueden conseguirse el pan.

La Continental Gold, dice su gerente Eduardo Otoya Rojas, apoya esas iniciativas. Va a construir una vía a Naranjos e Higabra, que además de servirle a la empresa para sacar la producción, le servirá a la población para su uso cotidiano; está construyendo una escuela para esas mismas dos veredas y capacitó a 52 mujeres para que sean ellas quienes suministren uniformes a los trabajadores de la mina, los cuales son por ahora 220 y aumentarán a partir de 2013 cuando comience la fase de explotación a gran escala.

En cuanto a Ángel, el afortunado, todavía trabaja la minería, pero sólo a ratos, cuando el negocio del transporte deja de moverse.

*Nombre cambiado

» Contexto

Continental apoya ideas productivas

Continental Gold cedió en alquiler a la Asociación un terreno de dos hectáreas en la vereda La Estera, por 10'500.000 pesos mensuales, dinero que la empresa usa para apoyar proyectos productivos.

Los informales alegan que esa área no es suficiente para tantos mineros. Otoya dice que la compañía apoya a mazamorreros, o sea a quienes se han dedicado por decenios a la extracción de oro de aluvión. "Ellos son mineros tradicionales; no ilegales".

Actualizado ( Domingo, 18 de Septiembre de 2011 14:36 )